Excalibur
Excalibur —Lo terminaremos. Mordred caerá. Y con él, este infierno.
Pero en el fondo, todos saben que lo que se avecina no es una victoria. Es un sacrificio. Y Arthur está dispuesto a ser el cordero.
La guerra ha dejado de ser una campaña. Se ha convertido en una sentencia. Arthur lo sabe. Derfel lo siente en los huesos. Cada amanecer es un escalón hacia el abismo. Pero aún queda una batalla. Una última oportunidad para quebrar el ciclo de traiciones, para matar la sombra de Mordred… o morir intentándolo.
La batalla final se alza en Camlann, un nombre que resonará en las leyendas. Arthur prepara sus tropas como un ajedrecista maldito: cada movimiento es estratégico, cada decisión sangra. Mordred, por su parte, reúne a los descontentos, a los fanáticos y a los saqueadores. No es un ejército… es una plaga.
—¿Lucharás conmigo hasta el final? —pregunta Arthur a Derfel.
—Hasta el último aliento —responde él, sin dudar.
En la vÃspera, hay momentos robados a la eternidad. Derfel despide a Ceinwyn. No hay palabras. Solo la mirada de dos almas que saben que lo que viene no tiene regreso. Arthur abraza a Gwydre, su hijo, como si fuera la última vez. Porque probablemente lo será.
