Excalibur
Excalibur Excalibur, la espada que nunca fue mágica pero sà sÃmbolo de algo más grande, es arrojada al agua. Su brillo se pierde en la oscuridad de las olas. Y con ella, la era de Arthur se sumerge en el mito.
Todo ha terminado. O al menos, eso parece. Derfel, desde su celda en Dinnewrac, sigue escribiendo. Su pluma rasga el pergamino con una sola misión: que no se olvide lo que fue Arthur. No el mito. No la leyenda. El hombre.
Britania no mejoró tras la guerra. El caos sigue. Los sajones avanzan como raÃces de hierro. El cristianismo se impone con fuego y miedo. Merlin ha desaparecido. Nimue, enloquecida por su devoción a los dioses antiguos, se ha perdido en las sombras, aún creyendo que el poder de los Treasures despertará algún dÃa.
—Quizás los dioses nos abandonaron porque nunca fuimos dignos de ellos —escribe Derfel.
Ceinwyn y sus hijas sobreviven, lejos de todo. Derfel no las ha visto en años, pero su memoria es su consuelo. Gwydre, el hijo de Arthur, intenta levantar los restos del reino, pero sabe que camina sobre escombros. El mundo que Arthur quiso construir ya no existe. Solo quedan los susurros.
