Excalibur
Excalibur Mai Dun. Una colina, un altar, una promesa. AllÃ, bajo cielos grises y el rugido del viento, Merlin convoca a los desesperados. Campesinos, guerreros, ancianos y niños. Paganos olvidados que aún creen en la vieja magia. Les promete que los dioses regresarán. Pero no será gratis. El precio será trabajo, fe… y quizás, sangre.
—Traed hachas, traed comida. Vamos a construir un templo. Vamos a construir un nuevo mundo —declara Merlin con su vara negra alzada.
Derfel observa con escepticismo. Ha vivido suficiente para saber que la fe puede arder tanto como un incendio. Pero también ha visto a la joven que brilla en la oscuridad. Ha olido el mar en una sala cerrada. Ha visto los Treasures de los que hablan las canciones antiguas.
Y entre los seguidores de Merlin, una figura se alza como un faro: Nimue. Ya no es la niña curiosa que creció con Derfel. Es una sacerdotisa consumida por su misión, una devota dispuesta a todo. Su rostro, marcado por la pérdida de un ojo, refleja una resolución feroz. Cree con una fe absoluta, y eso la convierte en peligrosa.
—Arthur no entiende. Él sueña con justicia. Nosotros soñamos con los dioses —le dice a Derfel.
