La fábula de las abejas
La fábula de las abejas Los entendidos en pintura nunca disienten cuando comparan un buen cuadro con el adefesio de un novato; pero, ¡cuán extrañamente han diferido respecto de las obras de maestros eminentes! Entre los conocedores se forman bandos distintos y pocos son los que están de acuerdo en su estimación en cuanto a épocas y paÃses, y no siempre los mejores cuadros son los que mejor se pagan; un original notorio valdrá siempre más que cualquier copia hecha por una mano desconocida, aunque ésta fuera mejor. El valor que se atribuye a los cuadros no depende solamente del nombre del maestro y de su antigüedad, sino también, en gran medida, de la escasez de sus obras y, lo que es más absurdo, de la calidad de las personas en cuya posesión se encuentran y del tiempo que hayan pertenecido a grandes familias; y si los bocetos que actualmente se encuentran en Hampton Court hubieran sido hechos por mano menos famosa que la de Rafael, y su propietario un particular que se hubiera visto obligado a venderlos, nunca habrÃan rendido ni la décima parte del dinero que, aun con todas sus gruesas faltas, ahora se les adjudica como cotización.