La fábula de las abejas
La fábula de las abejas [A] Mientras otros se abocaban a misterios
a los que poca gente envÃa aprendices.
Al educar a la juventud con el propósito de proporcionarle un medio de ganarse la vida cuando llegue a la madurez, la mayorÃa de las gentes cifran sus esperanzas en éste o aquel empleo seguro de los muchos que forman los gremios y compañÃas en toda gran sociedad de hombres. Por este medio, ciencias y artes, asà como industrias y oficios, se perpetuarán en la república mientras se consideren útiles; los jóvenes que diariamente se van educando para desempeñar estos puestos, reemplazan a los viejos que van muriendo. Pero como algunos de estos empleos son muchÃsimo más estimables que otros, según la gran diferencia de pagos que se requieren para establecerse en ellos, cuando se trata de elegir, todos los padres prudentes tienen en cuenta, ante todo, sus propias posibilidades y las circunstancias en que se hallan. Un hombre que con su hijo entrega a un gran mercader tres o cuatrocientas libras, y no tiene, al mismo tiempo, dos o tres mil en reserva para cuando termine el aprendizaje y deba iniciarse en el mundo, es muy censurable por no haber educado a su hijo para alguna otra cosa que pudiera haber seguido con menos dinero.
