La fábula de las abejas
La fábula de las abejas CLEÓMENES Tal equivalente es demostrable en la relación mutua. Si examinamos las facultades y cualidades por las cuales juzgamos y decimos que el hombre es un ser sociable en mucho mayor proporción que los restantes animales, encontraremos que una parte muy considerable, si no la mayor, de tal carácter ha sido adquirida por la multitudes mediante la conversación. Fabricando fabri fimus. Los hombres se convierten en seres sociables viviendo juntos en sociedad. La inclinación natural incita a todas las madres a ocuparse de su prole, a alimentarla y a protegerla contra todos los peligros mientras está desvalida, pero cuando se trata de familias pobres y las mujeres no disponen de ocio suficiente para dedicarse a manifestar a sus hijos la expresión de su cariño, la progenie es con gran frecuencia abandonada a sus propios recursos. Y cuanto más sanos estén los niños tanto más descuidados se encontrarán. Esta falta de charlas y de excitación del espÃritu infantil es frecuentemente la causa principal de una invencible estupidez e ignorancia cuando llegan a la edad adulta. Muchas veces atribuimos a la incapacidad natural lo que no es debido sino a descuido en esa instrucción temprana. Poseemos tan pocos ejemplos de seres humanos que nunca hayan departido con miembros de su especie, que es muy difÃcil conjeturar lo que serÃa el hombre enteramente desprovisto de instrucción, pero tenemos buenas razones para creer que la facultad de pensar serÃa muy imperfecta si consideramos que la mayor docilidad no puede ser de ningún provecho a una criatura mientras no tenga nada para imitar ni nadie que se lo enseñe.