La fábula de las abejas
La fábula de las abejas HORACIO Ahora que hemos dejado atrás los adoquines[1] no perdamos tiempo. Me prometo un gran placer de lo que voy a escuchar.
CLEÓMENES El segundo paso hacia la constitución de la sociedad es el peligro en que se encuentran los hombres frente a sus propios semejantes; a ello debemos el firme principio de orgullo y ambición que nos es innato. Puede ser que diversas familias intenten vivir juntas y estén dispuestas a unirse frente al peligro común, pero el servicio mutuo que habrán de prestarse será escaso cuando no haya un común enemigo al cual oponerse. Si consideramos que la fuerza, la agilidad y el coraje serian en tal estado las más valiosas cualidades; si tenemos en cuenta que muchas familias no podrían vivir mucho tiempo juntas, sino que algunas, impulsadas por el mencionado principio, lucharían para conseguir la superioridad, comprenderemos que esto fomentarla pendencias en las cuales los miembros más débiles y temerosos de la agrupación se unirían siempre para su propia seguridad con aquel de quien tuvieran la mejor opinión.
HORACIO Esto dividirla naturalmente las multitudes en grupos y bandas que tendrían sus correspondientes jefes y en donde los más fuertes y valientes absorberían y dominarían siempre a los más débiles y temerosos.
