El toque final
El toque final Al llegar a su cuarto, dejó caer el impermeable sobre la cama y se miró en el espejo. El reflejo le devolvió una joven de 23 años con el cabello castaño recogido, su expresión marcada por la resignación. Recordó cómo había terminado allí: un empleo que tomó por una promesa hecha por Cor van Kamp, el hombre que había encendido en ella una chispa de esperanza… y luego la había dejado en penumbras.
—¿Qué tan ingenua puedo ser? —murmuró, dejando caer el rostro entre las manos.
Afuera, el viento golpeaba las ventanas, y en su mente resonaban las imágenes de aquel día lluvioso en el Rijksmuseum, donde Cor la dejó esperando. Horas de mirar fijamente una obra maestra, imaginando que él llegaría, que todo tendría sentido. Pero la verdad había llegado como un golpe: lo vio con otra mujer, una enfermera del hospital, caminando entre risas bajo un paraguas.
Esa noche, Charity se obligó a enfrentar lo inevitable. Salió del cuarto y descendió al comedor. Entre bromas y risas de sus compañeras, forzó una sonrisa, ocultando su humillación bajo una máscara de normalidad.
—¿Tu día libre fue agradable, Charity? —preguntó Zuster Smit, su colega más perspicaz.
—Sí, lo fue —mintió con una serenidad que casi la sorprendió.
