El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras »Los arbustos ya no se movÃan y el ruido habÃa cesado, pero mi amigo observaba el lugar con la misma atención.
»—Pero ¿qué pasa? ¿Qué diablos es? —le pregunté.
»—¡Ese maldito engendro! —contestó sin volverse. Su voz sonaba ronca y extraña. Estaba temblando.
»Iba a decir algo cuando vi que la avena que habÃa en torno al lugar se movÃa de un modo inexplicable. No sé cómo describirlo. Era como si, empujada por una ráfaga de viento, no sólo se cimbreara sino que se tronchaba y no volvÃa a enderezarse; y aquel movimiento se acercaba lentamente hacia nosotros.