El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras El juez se levantó y se acercó al muerto. Tiró de un extremo de la sábana y dejó el cuerpo al descubierto. Estaba desnudo y, a la luz de la vela, mostraba un color amarillento. Presentaba unos grandes hematomas de un azul oscuro, causados sin duda alguna por las contusiones, y parecÃa que le habÃan golpeado en el pecho y los costados con un garrote. HabÃa unas horribles heridas y tenÃa la piel desgarrada, hecha jirones.
El juez llegó hasta el extremo de la mesa y desató el nudo que sujetaba un pañuelo de seda por debajo de la barbilla hasta la parte superior de la cabeza. Al retirarlo vimos lo que tenÃa en la garganta. Los miembros del jurado que se habÃan levantado para ver mejor lamentaron su curiosidad y volvieron la cabeza. El joven Harker fue hacia la ventana abierta y se inclinó sobre el alféizar, a punto de vomitar. Después de cubrir de nuevo la garganta del muerto, el juez se dirigió a un rincón de la habitación en el que habÃa un montón de prendas. Empezó a coger una por una y a examinarlas mientras las sostenÃa en alto. Estaban destrozadas y rÃgidas por la sangre seca. El resto de los presentes prefirió no hacer un examen más exhaustivo. A decir verdad, ya habÃan visto este tipo de cosas con anterioridad. Lo único que les resultaba nuevo era el testimonio de Harker.
