El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras No habÃa más que una conclusión, la única posible. Pero, debido a la emoción subsiguiente, se propusieron tantas formas de proceder como número de consejeros incapaces habÃa. El asunto fue resuelto por el sheriff del condado que, en su condición de custodio legal de la hacienda abandonada, ordenó que se volviera a colocar la raÃz en su sitio y se la cubriera con la tierra que habÃa sido extraÃda.
Una posterior investigación sacó a la luz un único hecho importante y significativo: Mrs. Harding nunca habÃa visitado a sus parientes de Iowa, ni ellos tenÃan noticia de que fuera a hacer tal cosa.
De Robert Harding y del resto de la familia no se ha vuelto a saber nada. La casa conserva su reputación funesta, aunque la parra que se volvió a plantar sea un vegetal metódico y formal, debajo del cual le gustarÃa sentarse a una persona nerviosa en una noche tranquila, cuando las chicharras hacen rechinar su revelación inmemorial y el lejano chotacabras expresa su idea de lo que deberÃa hacerse con ella.
Philip Eckert vivió durante muchos años en una vieja casa de madera ennegrecida por las inclemencias del tiempo, que se encontraba a unas tres millas de la pequeña ciudad de Marion, en Vermont. Aún deben de quedar vivas algunas personas que le recuerden (confÃo en que no de un modo desagradable) y sepan algo de la historia que voy a contar.
