El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras Pero enseguida empezó a hacerse mayor y más densa. Mientras un extremo se adherÃa a la montaña, el otro se elevaba cada vez más por encima de los cerros. Al mismo tiempo se extendÃa hacia el norte y hacia el sur y se fundÃa con pequeños jirones de niebla que, con la sensata intención de ser absorbidos, surgÃan de las laderas. Fue creciendo y creciendo hasta hacer imposible la visión de la cumbre desde el valle, que quedó cubierto por un dosel gris y opaco. En Calistoga, que se extiende al pie de la montaña, donde el valle comienza, tuvieron una noche sin estrellas y una mañana sin sol. La niebla se hundÃa cada vez más y se extendÃa en dirección sur, cubriendo rancho tras rancho hasta alcanzar la ciudad de Santa Helena, a nueve millas de distancia. El polvo se habÃa asentado sobre el camino y los pájaros estaban posados en silencio sobre los árboles empapados. La luz de la mañana era pálida y fantasmal, sin color o brillo alguno.
Al despuntar el alba, dos hombres abandonaron la ciudad de Santa Helena en dirección norte, hacia Calistoga. Aunque llevaban escopeta al hombro, nadie les habrÃa confundido con un par de cazadores; eran el ayudante del sheriff de Napa y un detective de San Francisco, Holker y Jaralson, respectivamente. Su misión era cazar a un hombre.