El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras Como explicación parcial de mis sentimientos hacia el Dr. Dorrimore, relataré brevemente las circunstancias en las que le conocà unos años antes. Una noche, media docena de hombres, yo entre ellos, estaban sentados en la biblioteca del Club Bohemio de San Francisco. La conversación habÃa derivado hacia el tema de la destreza manual y las proezas de los prestidigitateurs, uno de los cuales actuaba por aquel entonces en un teatro de la localidad.
—Esos tipos no son más que aspirantes en un doble sentido —dijo un individuo del grupo—; no saben hacer nada a lo que merezca la pena prestar atención. El más humilde malabarista ambulante de la India podrÃa dejarles perplejos y al borde de la locura.
—¿Por ejemplo…?
—Pues, por ejemplo, ejecutando sus juegos más usuales y conocidos: lanzando al aire grandes objetos que no vuelven a caer; haciendo que las plantas broten, crezcan y florezcan en un terreno estéril elegido por los espectadores; poniendo a un hombre en una cesta de mimbre y atravesándolo una y otra vez con una espada mientras grita y sangra, y luego, al abrir la cesta, revelando que no hay nada dentro; agitando el extremo libre de una escala de seda en el aire, ascendiendo por ella y desapareciendo.
—¡TonterÃas! —exclamé, de un modo bastante grosero, me temo—. ¿No creerá usted tales cosas?
