El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras En Auburn había un cementerio viejo y abandonado. Estaba casi en el centro de la ciudad, pero por la noche resultaba un lugar tan horroroso que sólo podría ser anhelado por el más tétrico de los temperamentos humanos. Las verjas que separaban las distintas parcelas estaban caídas, podridas e incluso algunas habían desaparecido. Muchas de las tumbas se habían hundido; en otras crecían pinos robustos cuyas raíces habían cometido un pecado horrible. Las lápidas se habían desplomado y sus pedazos yacían desperdigados por el suelo; la valla que rodeaba el cementerio había desaparecido y los cerdos y las vacas rondaban por allí a placer. Aquel lugar era una vergüenza para los vivos, una calumnia sobre los muertos y una blasfemia contra Dios.
