El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras —¿Qué nombre dijo usted?
—Corray.
—No se ha alojado aquà nadie con ese nombre.
—Le ruego que no juegue conmigo —le dije con cierto malhumor—. Ya ve que estoy bien; haga el favor de decirme la verdad.
—Le doy mi palabra —repuso con evidente sinceridad— de que no hemos tenido ningún huésped con ese nombre.
Su afirmación me dejó estupefacto. Permanecà en silencio durante unos instantes; después le pregunté:
—¿Dónde está el Dr. Dorrimore?
—Se marchó la misma mañana en que ustedes se pelearon, y desde entonces no sabemos nada de él. Desde luego, le dio a usted con ganas.
Tales son los hechos de este caso. Margaret Corray es ahora mi esposa. Nunca ha estado en Auburn, y durante las semanas en que tuvo lugar la historia que he intentado relatar, tal y como fue concebida por mi cerebro, permaneció en su casa, en Oakland, preguntándose dónde se encontraba su amor y por qué no le escribÃa. El otro dÃa leà en el Sun de Baltimore el siguiente párrafo:
