El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras »De pronto, como si las trompetas hubieran tocado tregua, el carnero suspendió las hostilidades y se marchó, frunciendo y desfrunciendo pensativamente su gran nariz aguileña, arrancando distraídamente un manojo de pasto y masticándolo con lentitud. Parecía cansado de las alarmas de la guerra y resuelto convertir la espada en reja de arado para cultivar las artes de la paz. Siguió firmemente su camino, apartándose del campo de la fama, hasta que ganó una distancia de cerca de un cuarto de milla. Allí se detuvo, de espaldas al enemigo, rumiando su comida y en apariencia dormido. Observé, sin embargo, un giro ocasional, muy leve de la cabeza, como si su apatía fuera más afectada que real.