El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras No hay duda de que los fenómenos en cuestión son bastante simples, y de ninguna manera trascienden nuestros poderes de comprensión si sabemos hallar la clave; pero por mi parte prefiero no hacerlo, porque soy de naturaleza singularmente romántica y obtengo más satisfacciones del misterio que del saber. Era corriente que se dijera de mÃ, cuando era un niño, que mis grandes ojos azules parecÃan haber sido hechos más para ser mirados que para mirar… tal era su ensoñadora belleza y, en mis frecuentes perÃodos de abstracción, su indiferencia por lo que sucedÃa. En esas circunstancias, el alma que yace tras ellos parecÃa —me aventuro a creerlo—, siempre más dedicada a alguna bella concepción que ha creado a su imagen, que preocupada por las leyes de la naturaleza y la estructura material de las cosas. Todo esto, por irrelevante y egoÃsta que parezca, está relacionado con la explicación de la escasa luz que soy capaz de arrojar sobre un tema que tanto ha ocupado mi atención y por el que existe una viva y general curiosidad. Sin duda otra persona, con mis poderes y oportunidades, ofrecerÃa una explicación mucho mejor de la que presento simplemente como relato.