La bodega
La bodega Los más viejos, los que habÃan presenciado el levantamiento de Septiembre contra los Borbones, eran los más crédulos y confiados. Ellos habÃan visto y no necesitaban que nadie les probase las cosas. Los generales sublevados, los jefes de la escuadra, no habÃan sido más que autómatas, sometidos al poder del grande hombre de aquella tierra. Don Fernando lo habÃa hecho todo: él habÃa sublevado los barcos, él habÃa arrojado los batallones a Alcolea contra las tropas que venÃan de Madrid. ¿Y lo que hizo por destronar a una reina y preparar el aborto de una República sietemesina, no habÃa de repetirlo cuando se trataba nada menos que de conquistar el pan para los pobres?…
La historia de aquel paÃs, la tradición de la tierra gaditana, provincia de revoluciones, influÃa en la credulidad de las gentes. HabÃan visto con tanto facilidad, de la noche a la mañana, derribar tronos y ministerios, y hasta llevar presos a reyes, que nadie dudaba de la posibilidad de una revolución de mayor importancia que las anteriores, pues asegurarÃa el bienestar de los infelices.
Transcurrieron las horas y comenzaba a ocultarse el sol, sin que la muchedumbre supiese con certeza qué aguardaba y hasta cuándo iba a permanecer allÃ.