DOCTRINA SECRETA TOMO 2
DOCTRINA SECRETA TOMO 2 La existencia del Espíritu en el Mediador común, el Éter, es negada por el materialismo; mientras que la teología hace de él un Dios personal. Los kabalistas sostienen que ambos se equivocan, y dicen que en el Éter, los elementos solo representan a la materia, las fuerzas cósmicas ciegas de la Naturaleza; y que el Espíritu representa a la inteligencia que las dirige. Las doctrinas cosmogónicas arias, herméticas, órficas y pitagóricas, lo mismo que las de Sanchoniaton y de Beroso, están todas basadas en una fórmula irrefutable, a saber: que el Æther y el Caos, o en lenguaje platónico, la Mente y la Materia, fueron dos principios primitivos y eternos del Universo, independientes por completo de todo lo demás. El primero fue el principio intelectual que todo lo vivifica; y el Caos, un principio fluídico informe, sin «forma ni sentido»: y de la unión de los dos surgió a la existencia el Universo, o más bien el Mundo Universal, la primera Deidad andrógina, convirtiéndose la Materia Caótica en su Cuerpo, y el Éter en su Alma. Según la fraseología de un Fragmento de Hermeias: «El Caos, obteniendo el sentido de esta unión con el Espíritu, resplandeció de placer, y de este modo fue producido el Protogonos, la Luz (el Primogénito[59])». Esta es la Trinidad universal, basada en los conceptos metafísicos de los antiguos, quienes, razonando por analogía, hicieron del hombre, que es un compuesto de Inteligencia y Materia, el Microcosmos del Macrocosmos, o Gran Universo[60].