DOCTRINA SECRETA TOMO 2

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En la mitología egipcia, a Kneph, el Dios Eterno no revelado, se le representa por una serpiente, emblema de la Eternidad, cercando una vasija de agua, con su cabeza suspendida sobre las aguas, a las cuales incuba con su aliento. En este caso la serpiente es el Agathodaimôn, el Buen Espíritu: en su aspecto opuesto es el Kakodaimôn, el Mal Espíritu. En los Eddas escandinavos, el rocío de miel, fruto de los dioses y de las abejas creadoras Iggdrasill, cae durante las horas de la noche, cuando la atmósfera está impregnada de humedad; y en las mitologías del Norte tipifica, como principio pasivo de la creación, la formación del Universo de las Aguas. Este rocío es la Luz Astral en una de sus combinaciones, y posee propiedades creadoras, así como destructoras. En la leyenda caldea de Beroso, Oannes o Dagón, el hombre pez, al instruir a las gentes, les muestra al mundo en su infancia, creado del Agua, y a todos los seres teniendo origen en esta Materia Prima. Moisés enseña que solo la Tierra y el Agua pueden producir una Alma Viviente; y en las Escrituras leemos que las hierbas no pudieron crecer hasta que el Eterno hizo llover sobre la Tierra. En el Popol Vuh mexicano, el hombre es creado del barro o arcilla (terre glaise), cogida debajo del agua. Brahmâ crea el gran Muni, o primer hombre, sentado en su loto; pero solo después de haber llamado a la existencia a los espíritus, quienes de este modo gozaron de la vida antes que los mortales; y lo creó del Agua, del Aire y de la Tierra. Los alquimistas sostienen que la Tierra primordial o preadámica, cuando estaba reducida a su primera substancia, era en su segundo período de transformación, semejante a Agua clara, siendo el Primero, propiamente, el Alkahest. Esta substancia primordial se dice que contiene en sí misma la esencia de todo lo que contribuye a formar al hombre; no solo tiene todos los elementos de su ser físico, sino hasta el mismo «aliento de vida» en estado latente y, pronto a ser despertado. Esto lo deriva de la «incubación» del «Espíritu de Dios» sobre la faz de las Aguas: el Caos. Realmente esta substancia es el Caos mismo. De ésta era de la que Paracelso pretendía que podía hacer su Homúnculo; he aquí por qué Tales, el gran filósofo natural, sostenía que el Agua era el principio de todas las cosas en la Naturaleza[62]… Job dice que las cosas muertas se forman debajo de las aguas, y de los habitantes que existen en ellas[63]. En el texto original, en lugar de «cosas muertas», está escrito los Rephaim muertos, los Gigantes u hombres poderosos primitivos, de quienes la Evolución podrá algún día derivar nuestra raza presente[64].


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