DOCTRINA SECRETA TOMO 2
DOCTRINA SECRETA TOMO 2 Teniendo que buscar el origen de la idea en los mismos principios de la mente humana, es de justicia entretanto conceder lo suyo hasta al Diablo proverbial. La antigüedad no conocía ningún «Dios del mal» aislado, completa y absolutamente malo. El pensamiento pagano representaba al bien y al mal como hermanos gemelos, nacidos de la misma madre, la Naturaleza; tan pronto como aquel pensamiento se perdió, haciéndose arcaico, la Sabiduría se convirtió en Filosofía. En el principio, los símbolos del bien y del mal eran meras abstracciones, Luz y Tinieblas; más tarde, sus tipos fueron elegidos entre los fenómenos cósmicos más naturales y siempre repetidos periódicamente, el Día y la Noche, o el Sol y la Luna. Luego fueron representados por las Huestes de las Deidades del Sol y de la Luna, y el Dragón de las Tinieblas fue el contraste del Dragón de la Luz. La Hueste de Satán es Hija de Dios, la mismo que la Hueste de B’ne Alhim, los Hijos de Dios que fueron a «presentarse ante el Señor, —su Padre[214]—. Los Hijos de Dios» se convirtieron en «Ángeles caídos» solo cuando comprendieron que las hijas de los hombres «eran hermosas[215]». En la filosofía inda, los Suras estaban clasificados entre los dioses más primitivos y resplandecientes, y se convirtieron en Asuras solo cuando fueron destronados por la fantasía brahmânica. Satán no tomó nunca la forma antropomórfica, individualizada, hasta que se completó la creación por el hombre, de «un Dios personal viviente»; y entonces solo como una cosa de principal necesidad. Era necesaria una pantalla, un testaferro para explicar la crueldad, los errores y la injusticia demasiado evidentes, perpetrados por aquel a quien se atribuía la perfección, la misericordia y la bondad absolutas. Éste fue el primer efecto kármico de abandonar un Panteísmo filosófico y lógico, para construir, como apoyo para el hombre perezoso, «un Padre misericordioso en el Cielo», cuyas acciones diarias y de cada momento, como Natura Naturans, la «Madre hermosa, pero fría como el mármol», desmienten la suposición. Ésta condujo al concepto de los gemelos primitivos Osiris-Tifón, Ormazd-Ahriman, y por último Caín-Abel y el tutti quanti de los opuestos.