DOCTRINA SECRETA TOMO 2
DOCTRINA SECRETA TOMO 2 Esto conduce, a su vez, a una deducción muy curiosa de un dogma católico romano. Muchos renombrados escritores pertenecientes a la Iglesia Latina admiten una diferencia: que debe distinguirse entre los Titanes Uranos, los Gigantes antediluvianos, que eran también Titanes, y aquellos Gigantes posdiluvianos que los católicos romanos persisten en suponer descendientes del Ham mítico. Más claro: hay que hacer una diferencia entre las Fuerzas opuestas cósmicas primordiales, guiadas por la Ley Cíclica, los Gigantes atlantes humanos, y los grandes Adeptos posdiluvianos, ya sean de la mano Derecha o de la Izquierda. Al mismo, tiempo muestran que Miguel, «el generalísimo de la Hueste Celestial combatiente, el Guardia de Corps de Jehovah» es también, a lo que parece, según Mirville, un Titán, pero con el adjetivo de «divino» añadido al sobrenombre. Así, aquellos «Uranidas» que en todas partes se llaman «Titanes Divinos» —y que habiéndose rebelado contra Cronos, o Saturno, se muestra también, por tanto, que son los enemigos de Samael, que es igualmente uno de los Elohim y sinónimo de Jehovah en su colectividad— son idénticos a Miguel y su Hueste. En una palabra, los papeles están cambiados; todos los combatientes están confundidos, y ningún estudiante puede distinguir con claridad quien es quien. Las explicaciones esotéricas pueden, sin embargo, poner algún orden en esta confusión, en que Jehovah se convierte en Saturno, y Miguel y su ejército en Satán y los Ángeles Rebeldes, debido a los esfuerzos indiscretos, de los demasiado fanáticos creyentes para ver un Diablo en cada Dios pagano. El verdadero significado es mucho más filosófico; y la leyenda de la primera «Caída» de los Ángeles toma un matiz científico cuando se comprende debidamente.