DOCTRINA SECRETA TOMO 2

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Podrá observarse de paso que, indudablemente, es necesario que un escritor tenga la imaginación enferma para descubrir en todas partes el culto fálico, como lo hacen McClatchey y Hargrave Jennings. El primero descubre «los antiguos dioses fálicos, representados bajo dos símbolos evidentes, el Kheen o Yang, que es el membrum virile, y el Kw-an o Yin, el pudendum muliebre[332]». Semejante versión resulta tanto más extraña cuanto que Kwan-Shi-Yin (Avalokiteshvara) y Kwan-Yin, además de ser ahora las Deidades protectoras de los ascetas buddhistas, los Yoguis del Tíbet, son los Dioses de la castidad, y en su significado esotérico, ni aun siquiera son lo que se supone en la versión del Buddhism de Mr. Rhys Davids: El nombre Avalokiteshvara… significa «el Señor que desde las alturas mira abajo[333]». Ni tampoco es Kwan-Shi-Yin el «Espíritu de los Buddhas presentes en la Iglesia», sino que interpretado literalmente, significa «el Señor que es visto; —y en cierto sentido—, el Yo Divino percibido por el Yo» (el yo humano); esto es, el Âtman o Séptimo Principio, sumergido en lo Universal, percibido por Buddhi, u objeto de percepción de Buddhi, el Sexto Principio o Alma Divina en el hombre. En un sentido aún más elevado, Avalokiteshvara-Kwan-Shi-Yin, a que nos hemos referido como Séptimo Principio Universal, es el Logos percibido por el Buddhi o Alma Universal, como el agregado sintético de los Dhyâni-Buddhas, y no es el «Espíritu de Buddha presente en la Iglesia», sino el Espíritu Universal Omnipresente manifestado en el templo del Kosmos o Naturaleza. Esta etimología orientalística de Kwan y de Yin corre parejas con la de Yoginîni, que, según nos dice Mr. Hargrave Jennings, «es una palabra sánscrita, pronunciada Jogi o Zogee (!) en los dialectos… equivalente a Sena, y exactamente igual a Duti o Dutica», es decir, una prostituta sagrada del templo, a la que se rinde culto como Yoni o Shakti[334]. «Los libros de moral [en la India] prescriben a una mujer fiel evitar la sociedad de las Yogini, o hembras que han sido adoradas como Shakti[335]» Después de esto, nada debe sorprendernos. Y, por esta razón, apenas sonreímos al ver otro descabellado absurdo acerca de «Budh», interpretado como un nombre «que no solo significa el sol como fuente de la generación, sino también el órgano masculino[336]». Dice Max Müller al tratar de las «Falsas Analogías», que el sinólogo más célebre de su época, Abel Rémusat… sostiene que «las tres sílabas I, Hi, Wei [en el capítulo XIV del Tao-te-king] se referían a Je-ho-vah[337]»; y además que el Padre Amyot «estaba seguro de que las tres personas de la Trinidad podían ser reconocidas» en la misma obra. Y si esto dice Abel Rémusat, ¿por qué no ha de decir otro tanto Hargrave Jennings? Cualquier sabio versado en el asunto reconocerá lo absurdo de ver en Budh (el «iluminado» y el «despierto») un «símbolo fálico».


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