DOCTRINA SECRETA TOMO 2

DOCTRINA SECRETA TOMO 2

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El Espacio, interestelar, interplanetario, intermaterial, interorgánico, no es un vacío, sino que está lleno de un fluido o gas sutil, que a falta de mejor término[454] podemos llamar todavía, a semejanza de los antiguos, Aith-ur —Fuego Solar—, Æther. Este fluido, invariable en composición, indestructible, invisible[455], penetra todas las cosas y toda la materia [ponderable][456]; la guija del arroyo, el árbol que le presta su sombra, el hombre que lo contempla, están llenos de éter en varios grados; la guija menos que el árbol, el árbol menos que el hombre. ¡Todo cuanto existe en el planeta está cargado del mismo modo de éter! Un mundo está construido en fluido etéreo y se mueve en un mar de él. El éter, cualquiera que sea su naturaleza, viene del Sol y de los Soles[457]: los Soles lo generan, son los depósitos, los difundidores del mismo[458]. Sin el éter no podría haber movimiento; sin él no podrían las partículas de materia ponderable deslizarse unas sobre otras; sin él no habría impulso que excitase a la acción de aquellas partículas. El éter determina la constitución de los cuerpos. Si no hubiese éter no habría cambio de constitución en la substancia; el agua, por ejemplo, solo existiría como substancia compacta e insoluble hasta un punto inconcebible para nosotros. Jamás podría ser hielo tan siquiera, ni fluido, ni vapor, si no fuese por el éter. El éter pone en relación al Sol con el planeta, al planeta con el planeta, al hombre con el planeta, al hombre con el hombre. No podría haber comunicación alguna en el Universo sin el éter; no habría luz, ni calor, ni fenómeno alguno de movimiento.

Así vemos que el éter y los átomos elásticos son, en el concepto mecánico declarado acerca del Universo, el espíritu y alma del Kosmos; y que la teoría (presentada de todas las maneras y bajo cualquier disfraz) siempre deja a los hombres de ciencia mayor campo abierto para especular fuera de los derroteros del Materialismo moderno[459] que el que la mayoría aprovecha. Ya se trate de átomos, del Éter o de ambos, no puede la especulación moderna salirse del círculo del pensamiento antiguo; y este último estaba empapado de Ocultismo arcaico. La teoría ondulatoria o la corpuscular es lo mismo. Es la especulación derivada de los aspectos de los fenómenos, no del conocimiento de la naturaleza esencial de la causa y las causas. ¿Qué ha demostrado la ciencia moderna cuando ha explicado a su auditorio los últimos experimentos de Bunsen y Kirchoff; cuando ha mostrado los siete colores, los primarios de un rayo que se descompone en un orden determinado sobre una pantalla, y cuando ha descrito las longitudes respectivas de las ondas luminosas? Ha justificado su reputación de exactitud en el cálculo matemático, midiendo hasta la amplitud de una onda luminosa «variando aproximadamente desde la setecientas sesenta millonésimas de milímetro en el extremo rojo del espectro hasta las trescientas noventa y tres millonésimas de milímetro en el extremo violado». Pero aunque la exactitud del cálculo referente al efecto sobre la onda luminosa resulte así confirmada, la Ciencia se ve obligada a admitir que la Fuerza, que es la causa supuesta, produce, según se cree, «ondulaciones inconcebiblemente diminutas» en algún medio —«generalmente considerado como idéntico al medio etéreo[460]»— y ese medio mismo es todavía tan solo un «agente hipotético».


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