DOCTRINA SECRETA TOMO 2
DOCTRINA SECRETA TOMO 2 Dicen ellas que lo que Leibnitz llama Mónadas colectivamente, en términos generales, y dejando por de pronto las subdivisiones fuera de cálculo, pueden separarse en tres Huestes distintas[650] que, contadas desde los planos más elevados, son, en primer lugar, «Dioses» o Egos espirituales conscientes, los Arquitectos inteligentes que trabajan con arreglo al plan en la Mente Divina. Luego vienen los Elementales, o «Mónadas», que constituyen colectiva e inconscientemente los grandes Espejos Universales de todo lo que se relaciona con sus reinos respectivos. Por último, los «Átomos» o moléculas materiales, que a su vez son animados por sus Mónadas «perceptivas», lo mismo que lo está cada una de las células del cuerpo humano. Hay multitudes de tales Átomos animados que, a su vez, animan a las moléculas; una infinidad de Mónadas, o mejor dicho Elementales, y Fuerzas espirituales innumerables, sin Mónada, pues son ellas puras incorporeidades[651], excepto bajo ciertas leyes, cuando toman una forma no necesariamente humana. ¿De dónde viene la substancia que las reviste, el organismo aparente que desenvuelven alrededor de sus centros? Las Radiaciones Informes (Arûpa), existentes en la armonía de la Voluntad Universal, y siendo lo que llamamos la colectividad o agregado de la Voluntad Cósmica en el plano del Universo subjetivo, unen entre sí a una infinidad de Mónadas —cada una espejo de su propio Universo— e individualizan así en un momento dado una Mente independiente, omnisciente y universal; y por el mismo procedimiento de agregación magnética, crean para sí mismas cuerpos objetivos visibles, con los Átomos interestelares. Pues Átomos y Mónadas, asociados o disociados, simples o complejos, no son, desde el momento de la primera diferenciación, sino los «principios» corpóreos, psíquicos y espirituales, de los «Dioses», que a su vez son las Radiaciones de la Naturaleza Primordial. De este modo los Poderes Planetarios superiores aparecen, a los ojos del Vidente, bajo dos aspectos: el subjetivo como influencias, y el objetivo como formas místicas, que, bajo la ley Kármica, se convierten en una Presencia, el Espíritu y la Materia siendo Uno, como se ha dicho repetidamente. El Espíritu es Materia en el séptimo plano; la Materia es Espíritu en el punto más inferior de su actividad cíclica; y ambos son, Mâyâ.