DOCTRINA SECRETA TOMO 2
DOCTRINA SECRETA TOMO 2
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Que los indos parecen haber juntado y combinado dos épocas dentro del año 3102. Los brahmanes de Tirvatur cuentan originalmente desde el primer momento del Kali Yuga; pero tienen una segunda época que colocan 2 d. 3 h. 32 m. 10 s. más tarde. Esta última es la verdadera época astronómica, mientras que la otra parece ser una era civil. Pero si esta época del Kali Yuga no tuviese realidad y fuese el mero resultado de un cálculo, ¿por qué habría de estar dividida de ese modo? Su calculada época astronómica se habría convertido en la del Kali Yuga, la cual habría sido colocada en la conjunción del sol y la luna, como sucede con la época de las otras tres tablas. Han debido de tener alguna razón para distinguir entre las dos; y esta razón solo puede ser debida a las circunstancias y al tiempo de la época; lo cual, por tanto, no podía ser el resultado del cálculo. No es esto todo: partiendo de la época solar determinada por la salida del sol el 18 de febrero de 3102, y recorriendo hacia atrás los sucesos 2 d. 3 h. 32 m. 30 s., llegamos a 2 h. 27 m. 30 s. del 16 de febrero, que es el instante del principio del Kali Yuga. Es curioso que esta edad no se haya hecho comenzar en una de las cuatro grandes divisiones del día. Pudiera sospecharse que la época debiera ser a medianoche, y que las 2 h. 27 m. 30 s. son una corrección meridiana. Pero cualquiera que haya sido la razón para fijar este momento, es claro que, si esta época fuera el resultado del cálculo, hubiera sido igualmente fácil colocarla a medianoche, de manera que la época correspondiera a una de las divisiones principales del día, en lugar de colocarla en un momento fijado por la fracción de un día.
Los indos aseguran que en el primer momento del Kali Yuga hubo una conjunción de todos los planetas, y sus tablas muestran esta conjunción, mientras que las nuestras indican que realmente pudo haber tenido lugar. Júpiter y Mercurio se hallaban exactamente en el mismo grado de la eclíptica; estando Marte 8.º, y Saturno 17.º distante de ella. De aquí se deduce que en este tiempo, o unos quince días después del comienzo del Kali Yuga, y a medida que el sol avanzaba en el Zodiaco, los indos vieron surgir cuatro planetas sucesivamente de los rayos solares: primero Saturno, luego Marte, después Júpiter y Mercurio, apareciendo estos planetas unidos en un espacio un tanto reducido. Aun cuando Venus no se hallaba entre ellos, la afición a lo maravilloso hizo que se llamase a esto una conjunción general de todos los planetas. El testimonio de los brahmanes coincide aquí con el de nuestras tablas; y esta evidencia, resultado de una tradición, debe de estar fundada sobre la observación real.
Podemos observar que este fenómeno fue visible unos quince días después de la época, y exactamente en el momento en que debió de observarse el eclipse de luna que sirvió para fijarla. Las dos observaciones se confirman mutuamente; y quienquiera que hizo la una debió también haber hecho la otra.
También podemos creer que los indos determinaron al mismo tiempo el lugar del nodo de la luna; esto parece indicado por sus cálculos. Dan ellos la longitud de este punto de la órbita lunar para el tiempo de su época, y a esto añaden como una constante 40 m., que es el movimiento del nodo en 12 d. 14 h. Es como si declarasen que esta determinación había sido hecha trece días después de su época, y que para hacerla corresponder a esa época tenemos que añadir los 40 m. que el nodo ha retrocedido en el intervalo. Esta observación es, por lo tanto, de la misma fecha que la del eclipse lunar; dando así tres observaciones que se confirman mutuamente.
Según la descripción del Zodíaco indo, dada por M. C. Gentil, parece que en él los sitios de las estrellas llamadas el Ojo de Tauro y la Espiga de Virgo pueden determinarse por el principio del Kali Yuga. Ahora bien; comparando estos sitios con las posiciones actuales, reducidas por nuestra precesión de los equinoccios al momento en cuestión, vemos que el punto de origen del Zodíaco indo debe de hallarse entre el quinto y sexto grado del Acuario. Por tanto, los brahmanes tenían razón al situarlo en el sexto grado de aquel signo, tanto más cuanto que esta pequeña diferencia puede ser debida al movimiento propio de las estrellas, que es desconocido. De modo que fue también otra observación lo que guió a los indos en esta determinación sumamente exacta del primer punto de su movible Zodiaco. No parece posible dudar de la existencia en la antigüedad de observaciones de esta fecha. Los persas dicen que cuatro hermosísimas estrellas fueron situadas como guardianes en las cuatro esquinas del mundo. Ahora bien; parece que al principio del Kali Yuga, 3000 o 3100 años antes de nuestra Era, el Ojo del Toro y el Corazón del Escorpión se hallaban exactamente en los puntos equinocciales, mientras que el Corazón del León y el Pez del Sur se hallaban muy cercanos a los puntos solsticiales. También pertenece al año 3000, antes de nuestra Era, la observación de la salida de las Pléyades por la tarde, siete días antes del equinoccio otoñal. Esta y otras observaciones semejantes se hallan reunidas en los calendarios de Ptolomeo, aun cuando no menciona sus autores; y éstos, que son más antiguos que los de los caldeos, pueden ser muy bien la obra de los indos. Conocen ellos bien la constelación de las Pléyades, y mientras nosotros la llamamos vulgarmente «Poussinière», ellos la llaman Pillâlukodi —la «Gallina y los pollos»—. Este nombre ha pasado, por tanto, de un pueblo a otro, y llega a nosotros de las naciones más antiguas del Asia. Vemos que los indos tienen que haber observado la salida de las Pléyades, y que han hecho uso de ella para regular sus años y sus meses; pues esta constelación es llamada también Krittikâ. Ahora bien; tienen ellos un mes del mismo nombre, y esta coincidencia solo puede ser debida al hecho de que este mes fue anunciado por la salida o la puesta de la constelación referida. Pero lo que demuestra de un modo más decisivo que los indos observaban las estrellas, y lo mismo que nosotros lo hacemos, señalando su posición por su longitud, es el hecho mencionado por Augustinus Riccius, que, según las observaciones que se atribuyen a Hermes, hechas 1985 años antes de Ptolomeo, la estrella brillante de la Lira y la del Corazón de la Hidra estaban las dos 7 grados más adelante de sus posiciones respectivas determinadas por Ptolomeo. Esta determinación parece muy extraordinaria. Las estrellas avanzan regularmente con respecto al equinoccio, y Ptolomeo debió de haber encontrado las longitudes 28 grados en exceso de lo que eran 1985 años antes de su tiempo. Por otra parte, hay una particularidad notable acerca de este hecho, y es que el mismo error o diferencia se encuentran en la posición de ambas estrellas; por tanto, el error fue debido a alguna causa que afectaba a ambas estrellas igualmente. Para explicar esta peculiaridad, el árabe Thebith imaginó que las estrellas tenían un movimiento oscilatorio que las hacía avanzar y retroceder alternativamente. Esta hipótesis se probó fácilmente que era errónea, pero las observaciones atribuidas a Hermes quedaron sin explicación. Sin embargo, su explicación se encuentra en la Astronomía inda. En la fecha señalada para estas observaciones, 1985 años antes de Ptolomeo, el primer punto del Zodiaco indo estaba 35 grados delante del equinoccio; por tanto, las longitudes computadas para este punto se hallan con 35 grados de exceso de las computadas para el equinoccio. Pero después del transcurso de 1985 años, las estrellas habrían avanzado 28 grados, y solo quedaría una diferencia de 7 grados entre las longitudes de Hermes y las de Ptolomeo; y la diferencia sería la misma para las dos estrellas, puesto que es debida a la diferencia entre los puntos de partida del Zodiaco indo y el de Ptolomeo, que cuenta desde el equinoccio. Esta explicación es tan sencilla y natural, que debe de ser verdad. No sabemos si Hermes, tan celebrado en la antigüedad, era un indo; pero vemos que las observaciones que se le atribuyen están computadas al modo indo, de lo que deducimos que fueron hechas por los indos, quienes, por consiguiente, pudieron hacer todas las observaciones que hemos enumerado y qué encontramos anotadas en sus tablas.
La observación del año 3102, que parece fijar su época, no era difícil. Vemos que los indos, después de determinar el movimiento diario de la luna de 13º 10’ 35s, lo emplearon para dividir el Zodiaco en 27 constelaciones, relacionadas al período de la Luna, que invierte sobre veintisiete días en recorrerlo. Con este método determinaron las posiciones de las estrellas en este Zodiaco; así encontraron que cierta estrella de la Lira estaba en 8 s. 24º; el Corazón de la Hidra en 4 s. 7º; longitudes que son atribuidas a Hermes, pero que están calculadas en el Zodiaco indo. Del mismo modo descubrieron que la Espiga de Virgo forma el principio de su decimaquinta constelación, y el Ojo del Tauro el fin de la cuarta; estando estas estrellas, la una en 6 s. 6.º 40’; la otra en 1 s. 23.º 2.º’ del Zodiaco indo. Siendo esto así, el eclipse de luna que tuvo lugar quince días después de la época del Kali Yuga ocurrió en un punto entre la espiga de Virgo y la estrella de la misma constelación. Estas estrellas son casi una constelación aparte, principiando una la decimaquinta, y la otra la decimosexta. De este modo no sería difícil de determinar el lugar de la luna, midiendo su distancia de una de estas estrellas; de esto dedujeron la posición del sol, que es opuesta a la luna; y luego, conociendo sus movimientos medios, calcularon que la luna se hallaba en el primer punto del Zodiaco con arreglo a su longitud media a las doce de la noche del 17-18 de febrero del año 3102 antes de nuestra Era, y que el sol ocupaba el mismo sitio seis horas más tarde con arreglo a su verdadera longitud; suceso que fija el comienzo del año indo.
Los indos declaran que 20 400 años antes de la edad del Kali Yuga, el primer punto de su Zodiaco coincidía con el equinoccio vernal, y que el sol y la luna se hallaban allí en conjunción. Esta época es claramente ficticia
[697], pero podemos preguntar, ¿de qué punto, de qué época partieron los indos para establecerlo? Tomando los valores indos para la revolución del Sol y de la Luna, esto es, 365 d. 6 h. 12 m. 30 s. y 27 d. 7 h. 43 m. 13 s., tenemos: 20 400 revoluciones del sol = 7 451 277
d 2
h. y 272 724 revoluciones de la luna = 7 451 277
d 7
h. Tal es el resultado obtenido partiendo de la época del Kali Yuga; y el aserto de los indos, de que hubo una conjunción en el tiempo mencionado, está fundado en sus tablas; pero, si usando los mismos elementos, partimos de la Era del año 1491, o de otra colocada en 1282, de la cual hablaremos más adelante, siempre habrá una diferencia de casi uno o dos días. Es justo y natural a la vez que al comprobar los cálculos indos se tomen aquellos de sus elementos que dan el mismo resultado a que ellos han llegado, y que partamos de aquella de entre sus épocas que nos permite llegar a la época ficticia en cuestión. Por consiguiente, puesto que para hacer este cálculo tienen que haber partido de su época real, la que estaba fundada en la observación, y no de ninguna de aquellas derivadas de la primera por este mismo cálculo, se deduce de esto que su época real fue la del año 3102 antes de nuestra Era.
Los brahmanes de Tirvalur dan el movimiento de la luna como «7 s. 2º 0’ 7» en el Zodiaco movible; y como «9 s. 7.º 45’ 1» refiriéndolo al equinoccio en un gran período de 1 600 984 días o 4386 años y 94 días. Creemos que este movimiento fue determinado por la observación; y debemos declarar, desde luego, que este periodo es de una extensión que lo hace poco a propósito para el cálculo de los movimientos medios.
En sus cálculos astronómicos, los indos hacen uso de períodos de 248, 3031 y 12 372 días; pero aparte del hecho de que estos períodos, aunque demasiado cortos, no presentan los inconvenientes de los primeros, contienen un número exacto de revoluciones de la luna, referidas a su apogeo. Son en realidad movimientos medios. El gran período de 1 600 984 días no es una suma de revoluciones acumuladas; no hay razón para que contenga 1 600 984, más bien que 1 600 985 días. Parece que solo la observación debe de haber fijado el número de días y marcado el principio y fin del período. Este período termina el 21 de mayo de 1282 de nuestra Era, a las 5 h. 15 m. 30 s. de Benarés. La luna estaba entonces en su apogeo, y según los indos su longitud era:
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