La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros
La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros Apenas había visto a mi infeliz sobrina en su albergue israelita, cuando percibí un segundo choque de la misma naturaleza que el primero que me había lanzado y hecho bogar a través de las entrañas de la Tierra. Abrí nuevamente los ojos y me hallé en el mismo punto de partida, fijando casualmente mi vista en las manecillas del reloj, que marcaban, ¡absurdo misterio!, las cinco y siete minutos y medio… ¡Todas mis espantosas experiencias se habían desarrollado, pues, en sólo medio minuto!
Aun esta misma noción del brevísimo instante transcurrido entre el momento en que miré al reloj al tomar el espejo de manos del yamabooshi y aquel otro momento de medio minuto después es también un pensamiento posterior. Iba ya a desplegar los labios para seguirme burlando del yamabooshi y de su experimento cuando el recuerdo completo de cuanto acababa de ver fulguró cual vívido relámpago en mi cerebro. Un grito de desesperación suprema se escapó de mi pecho, y sentí como si la creación entera se desplomase sobre mi cabeza en un caos de ruina y desolación. Mi corazón presentía ya el destino que me aguardaba, y un fúnebre manto de tristeza cayó fatal sobre mí para todo el resto de mi vida…