La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros
La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros Este insensato monólogo lo formulé en voz alta, sin el menor miramiento de respeto hacia el bonzo, ni siquiera hacia el yamabooshi que, hierático en su primera actitud, parecÃa leer tranquilo en mi interior con un silencio lleno de dignidad. El bonzo, por su parte, irradiando la más compasiva simpatÃa, se aproximó a mà cual lo hubiera hecho con un niño enfermo y, con lágrimas en los ojos, me dijo estrechándome las manos:
—Por lo que más améis, amigo mÃo, no dejéis la población sin antes ser purificado del impuro contacto con los dai-djin o espÃritus inferiores, cuya intervención ha sido precisa para conducir a vuestra inexperta alma hacia la remota región que ansiabais ver. No perdáis, pues, el tiempo, hijo mÃo; cerrad la entrada de tan peligrosos intrusos hasta vuestro yo interior, y haced que para ello os purifique en seguida el santo maestro.