La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros
La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros ¡LA ETERNIDAD ES UN SUEÑO FUGAZ!
Antaño, las absurdas carencias de ciertas gentes respecto de los espíritus buenos y malos me parecían incomprensibles, pero, a partir, ¡ay!, de las dolorosas experiencias de aquellos momentos las comprendía ya.
Para robustecer, no obstante, mi incredulidad nativa, procuraba evocar en mi mente cuanto me era dable los recuerdos de mis lecturas antisupersticiosas: el juicioso razonar de Hume; las áticas mordacidades sarcásticas de Voltaire, y aquellos pasajes de Rousseau, donde llamaba a la superstición «la eterna perturbación de la sociedad». «¿A qué afectarnos por las fantasmagorías del ensueño —me decía con ellos—, cuando luego comprobamos su completa falsedad en la vigilia? ¿Por qué, como dijo el clásico, han de asustarnos con cosas que no son; nombres cuyo sentido no vemos?».
