Martín Rivas
Martín Rivas 13
Las miradas de los concurrentes se dirigieron hacia los que llegaban precedidos por Amador. Los jóvenes les saludaron con amaneramiento y recelo, las niñas hablándose al oído después que les eran presentados.
El bullicio que reinaba en aquella reunión cuando Rivas y San Luis se detuvieron en el patio cesó repentinamente apenas ellos entraron. En medio de este silencio se oyó una voz sonora de mujer que lo interrumpió con estas palabras:
—Él es, ya se quedaron como muertos, como si nunca hubieran visto gente.
Era la voz de doña Bernarda, que, puesta en jarra en medio del salón, animaba con el gesto a los tertulianos.
Las niñas se sonrieron bajando la vista y los jóvenes parecieron volver en sí con tal elocuente exhortación.
—Dice bien, misiá Bernardita —exclamó uno—, vamos bailando cuadrillas, pues. —Cuadrillas, cuadrillas— repitieron los demás, siguiendo el ejemplo de éste.