MartÃn Rivas
MartÃn Rivas 16
Con el atentado del 19 contra la Sociedad de la Igualdad, la polÃtica ocupaba la atención de todas las tertulias, en las que se sucedÃan las más acaloradas discusiones.
Asà acontecÃa en casa de don Dámaso Encina, en donde se encontraban reunidas las personas que de costumbre frecuentaban la tertulia. Era la noche del 21 de agosto y la conversación rodaba sobre los rumores propalados desde la vÃspera sobre que Santiago serÃa declarado en estado de sitio.
—El Gobierno debÃa tomar esta medida cuanto antes —dijo don Fidel ElÃas, el padre de Matilde.
—SerÃa una ridiculez —replicó su mujer.
—Francisca —contestó exaltado don Fidel—, ¿hasta cuándo te repetiré, hija, que las mujeres no entienden de polÃtica?
—Me parece que la de Chile no es tan obscura para que no pueda entenderla —replicó la señora.
—Vea, comadre —le dijo don Simón, que era padrino de Matilde—, mi compadre tiene razón: usted no puede entender lo que es estado de sitio, porque es necesario para eso haber estudiado la Constitución.
