MartÃn Rivas
MartÃn Rivas 19
Leonor, para cumplir la promesa que hizo a su prima, se presentó en casa de ésta a las doce del dÃa siguiente.
Matilde la recibió con un abrazo. Una noche de esperanza habÃa dado a su rostro la frescura de la alegrÃa y a sus ojos la viveza que les transmite el corazón cuando late por una expectativa de amor.
—Estamos solas —dijo haciendo sentarse a Leonor—, mi mamá ha salido. ¡Ya me figuraba que no vendrÃas!
—Como viste, anoche llamé a MartÃn para preguntarle nuevas noticias sobre Rafael. —Y muchas debe haberte dado, porque la conversación fue larga— observó Matilde risueña.
—Todas las que recibà —dijo Leonor— se resumen en lo que anoche te dije: Rafael te ama.
—¿Cómo lo sabe MartÃn?
—Él se lo ha dicho, a lo que parece.
—SÃ, pero no basta que él lo diga —exclamó Matilde, entristeciéndose—. ¿Qué puedo hacer yo?
—Tú le amas también.
—Es verdad; pero seguiremos separados.
—Tuya será entonces la culpa.
—¡MÃa! ¿Y qué quieres que haga?
—El caso me parece muy claro. ¿Fue Rafael quien te abandonó?
