MartĂn Rivas
MartĂn Rivas 3
MartĂn Rivas habĂa abandonado la casa de sus padres en momentos de dolor y de luto para Ă©l y su familia. Con la muerte de su padre, no le quedaban en la tierra mĂĄs personas queridas que doña Catalina Salazar, su madre y Matilde, su Ășnica hermana. Ăl y estas dos mujeres habĂan velado durante quince dĂas a la cabecera de don JosĂ© moribundo. En aquellos supremos instantes en que el dolor parece estrechar los lazos que unen a las personas de una misma familia, los tres habĂan tenido igual valor y sostenidos mutuamente por una energĂa fingida con la que cada cual disfrazaba su angustia a los otros dos.
Un dĂa, don JosĂ© conociĂł que su fin se acercaba y llamĂł a su mujer y a sus dos hijos.
âĂste es mi testamento âles dijo mostrĂĄndoles el que habĂa hecho entender el dĂa anteriorâ; y aquĂ hay una carta que MartĂn llevarĂĄ en persona a don DĂĄmaso Encina, que vive en Santiago.
Luego, tomando una mano a su hijo:
âDe ti va a depender en adelante âle dijoâ la suerte de tu madre y de tu hermana; ve a Santiago y estudia con empeño. Dios premiarĂĄ tu constancia y tu trabajo.