MartÃn Rivas
MartÃn Rivas 6
A la misma hora en que MartÃn Rivas era llevado preso, el salón de don Dámaso Encina resplandecÃa de luces que alumbraban a la diaria concurrencia de tertulianos.
En un sofá conversaba doña Engracia con una señora, hermana de don Dámaso y madre de una niña que ocupaba otro sofá con Leonor y el elegante AgustÃn. En un rincón de la pieza vecina rodeaban una mesa de malilla don Dámaso y tres caballeros de aspecto respetable y encanecidos cabellos. Al lado de la mesa se hallaba como observador el joven Mendoza, uno de los adoradores de Leonor.
Doña Engracia conversaba con su cuñada doña Francisca Encina sobre las habilidades de Diamela y sus progresos en la lengua de Vaugelas y de Voltaire, mientras que un hijo de doña Francisca, perteneciente a la categorÃa de los niños regalones, se divertÃa en tirar la cola y las orejas de la favorita de su tÃa.
