MartÃn Rivas
MartÃn Rivas Durante estos dÃas Leonor no habÃa ofrecido al joven ninguna ocasión de renovar las escenas de reticencias en que algunos enamorados campean por cierto tiempo antes de dar el ataque decisivo. Para consolarse, MartÃn habÃa trabajado con tesón en los negocios de don Dámaso, que poco a poco descansaba en él de todo el peso de sus tareas comerciales. También ocupaban gran parte de su tiempo los estudios, que habÃa un tanto descuidado, y siguiendo la práctica de los estudiantes chilenos, tenÃa que recuperar con grandes esfuerzos de aplicación el tiempo perdido antes del 18 de septiembre, época en que los alumnos de los colegios dan por terminada la holganza voluntaria, para consagrarse a los exámenes del fin del año. Además de estas ocupaciones, MartÃn hallaba tiempo, en su calidad de enamorado, para hablar de su amor con la infinita variedad de formas de que la imaginación sabe revestir las impresiones que una misma causa produce, y que el corazón sabe a su vez multiplicar con inagotable fecundidad.
Pero los dÃas pasaban sin que Rafael le contestase.
Por fin, al cabo de diez dÃas, el criado le entregó una carta con la sonrisa que indicaba su procedencia. Era de Edelmira.