MartÃn Rivas
MartÃn Rivas »Asà como al entrar aquà no quise formar ninguna resolución violenta, asà no he querido tampoco dejarme llevar del estado moral que te describo para abandonar mi retiro. Pienso ahora como pensaba al cabo sólo de un mes de reclusión, y sólo después de este segundo mes de prueba he determinado ya volver al lado de mi pobre tÃa, que, con la mejor buena fe del mundo, me creÃa ya lanzado en el camino de la religión.
»Saldré, pues, mañana de aquà y me ocuparé como pueda. Hay por ahora cierta ocupación que se aviene mejor con mi carácter y que tal vez será más eficaz para mitigar la intensidad de mi mal. Cuando volvamos a reunirnos, acaso tú también busques en ella un alivio a tus pesares que supongo te afligen. Vente, pues, y tal vez me sigas en la vÃa en que voy a lanzarme; si como antes lo hacÃamos, no sembramos esperanzas en el campo del porvenir, troncharemos para consuelo las flores secas que nos ha dejado esa semilla. Para mà el sol de la felicidad principió a brillar con demasiado fulgor y agostó esas pobres flores; pero no olvides que no
siempre debemos llorar; yo te mostraré una empresa a la que podemos consagrar el vigor de nuestras almas.
»RAFAEL SAN LUIS».
Casi al mismo tiempo que esta carta, habÃa llegado a manos de Rivas otra de Edelmira Molina, que decÃa lo siguiente: