MartÃn Rivas
MartÃn Rivas 54
El 15 de abril entró Matilde en casa de Leonor, acompañada de su madre. Ésta y la hija iban vestidas de basquiña y mantón. VenÃan de la iglesia y eran las nueve de la mañana. Doña Francisca entró al cuarto de su hermano y Matilde al de Leonor. —¿Qué haces?— preguntó a la hija de don Dámaso, que con un libro en la mano miraba a una ventana en vez de leer.
—Nada, estaba leyendo.
—¿Sabes por qué he venido a verte a estas horas?
—No sé.
—Al salir de San Francisco he tenido un encuentro.
—¿Con quién?
—Adivina.
Leonor tuvo el nombre de Rivas en los labios, pero contestó:
—No se me ocurre.
—Con MartÃn —dijo Matilde—. Me conoció al momento, y me saludó.
Leonor no trató de disimular la turbación que se pintó en su semblante.
—¡Está aquà —exclamó—, y mi papá que lo ha hecho buscar, suponiendo que hubiese llegado! ¿Cómo viene?
—Buen mozo, me ha parecido mejor que antes.
