Martín Rivas

Martín Rivas

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Capítulo 7

7

En vano protestó Martín Rivas contra la arbitrariedad que en su persona se cometía, solicitando su libertad y prometiendo volver al día siguiente para ser juzgado. El oficial de guardia sostuvo la primera orden que había impartido, con inflexibilidad de los granaderos de Napoleón el Grande, que morían antes de rendirse.

Rivas, cansado de protestar y de rogar, se resignó por fin a esperar con paciencia la llegada del Mayor, entregándose a las tristes reflexiones que su extraña situación le sugería.

Ante todo pensó en la explicación que tendría que dar al día siguiente a la familia de don Dámaso, en caso que no pudiese obtener su libertad hasta entonces. Veía de antemano con vergüenza la orgullosa mirada de Leonor, la risa insultante de Agustín y la humilladora compasión de los padres. A su juicio era Leonor la causa de su desagradable aventura. Su memoria le trazó la bella imagen de aquella niña, que era imposible mirar sin emoción, y una tristeza profunda nació en su espíritu al considerar el desdén con que ella escucharía la relación de su desgracia. En aquellos momentos el pobre mozo maldijo su destino, y su corazón desesperado pidió cuenta al cielo de la pobreza de algunos y de la riqueza de otros. Sólo entonces pensaba en las desigualdades injustas de la suerte y nacía en su corazón un vago encono contra los favorecidos de la fortuna.


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