Martín Rivas
Martín Rivas 59
Hemos referido las principales peripecias del sangriento combate que tuvo lugar en Santiago el 20 de abril de 1851, tratando de ceñirnos a los partes oficiales de aquella jornada y a la relación que anteriormente citamos.
Tócanos ahora ocuparnos de los personajes que figuran en esta historia.
Leonor y los demás de la casa habían pasado aquellas horas en mortal ansiedad. El ruido del combate repercutía en sus turbados corazones avivando el miedo en casi todos ellos y la más inquieta zozobra en el de Leonor.
Doña Engracia había reunido a todos los habitantes de la casa en una pieza y rezaba con ellos un rosario tras otro. Don Dámaso y Agustín pronunciaban el Ora pro nobis con una devoción ejemplar, mientras que Leonor abandonaba la pieza y subía a los altos de la casa.
Allí, apoyada en el balcón y prestando el oído al bullicio que resonaba en la ciudad, rogaba a Dios por Martín y luchaba por apartar de su imaginación los funestos presentimientos que oprimían su pecho al estampido de cada tiro. No se atrevía a interrogar a las gentes que pasaban por la calle, por temor de que alguno le diese la funesta noticia que sus cuidados presagiaban.
