MartÃn Rivas
MartÃn Rivas 11
Reinaba, como dijimos, grande animación entre las personas que componÃan la tertulia ordinaria de don Dámaso Encina.
Era la noche del 19 de agosto, y desde algún tiempo circulaba la noticia de que la Sociedad de la Igualdad serÃa disuelta por orden del Gobierno. Citábase como prueba el ataque de cuatro hombres armados hecho en una de las noches anteriores, al tiempo de instalarse en la Chimba el grupo número 7 de los que componÃan esa sociedad.
MartÃn se sentó después de ser presentado por don Dámaso a las personas de su tertulia, y la conversación, interrumpida un momento, siguió de nuevo.
—La autoridad —dijo don Fidel ElÃas, respondiendo a una objeción que se le acababa de hacer— está en su derecho de disolver esa reunión de demagogos, porque ¿qué se llama autoridad? El derecho de mando; luego, mandando disolver, está, como dije, en su derecho.
Doña Francisca, mujer del opinante, se cubrió el rostro, horrorizada de aquella lógica autoritaria.
—Además —repuso don Simón Arenal, viejo solterón que presumÃa de hombre de importancia—, un buen pueblo debe contentarse con el derecho de divertirse en las festividades públicas y no meterse en lo que no entiende. Si cada artesano da su opinión en polÃtica, no veo la utilidad de estudiar.
