El Decamerón

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Y calló. Mucho plugo a la reina la respuesta de la joven y parecióle tan discreta como dijera el rey. Hizo éste llamar al padre y la madre de la muchacha y, oyendo que estaban contentos de que hiciera lo que se proponía, mandó llamar a un mancebo hidalgo, pero pobre, llamado Perdicón, púsole en la mano un anillo y le hizo casar con Lisa. Y el rey a los dos, aparte de muchas y caras joyas que él y la reina dieron a la joven, les donó Cefalú y Calatabellotta, dos villas muy buenas, y dijo:

—Éstas te damos por dote de tu mujer, y lo que contigo queramos hacer ya lo verás.

Y, esto dicho, hablando a la joven, expuso:

—Ahora queremos tomar el fruto de vuestro amor. Y cogiéndole la cabeza con ambas manos, la besó en la frente. Perdicón, y los padres de Lisa, y ella, contentos todos, hicieron grandes fiestas y alegres bodas. Y según muchos afirman, el rey cumplió muy bien a la joven lo ofrecido, porque mientras vivió siempre se apellidó su caballero, sin estar en ningún paso de armas en que no llevase la divisa enviada por ella.

Obrando así se conquistan los ánimos de los súbditos, se da a otros materia de buenas obras y se adquiere eterna fama. A lo que hoy pocos o ninguno tienden a alcanzar tensando el arco del intelecto, porque los más de los señores se han convertido en crueles o tiranos.


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