El Decamerón
El Decamerón —Amigos mÃos, me forzáis a una cosa que yo estaba decidido a no hacer nunca, considerando cuan serio asunto es encontrar persona que con las costumbres de uno bien encaje, y cuan abundosa copia hay de lo contrario, y cuan dura es la vida del que con mujer no proporcionada a él tiene que vivir. Y decir que por las costumbres de los padres podéis conocer las de las hijas y darme mujer que me plazca, es sandez, porque no sé cómo podéis conocer a los padres ni saber los secretos de las madres, y aun si los supierais, muchas veces las hijas difieren de sus padres. Pero, pues con esa cadena queréis sujetarme, yo la admitiré con gusto. Y para que, si la cosa me sale mal, no pueda quejarme de otro que de mà mismo, yo mismo quiero buscar mujer, advirtiéndoos que, escoja la que escoja, si vosotros como a esposa mÃa no la honráis, experimentaréis, con grave daño vuestro, cuan pesado me ha sido, por ceñirme a vuestros ruegos, buscar esposa contra mi voluntad.
Los buenos hombres respondieron que estaban acordes con todo ello, siempre que se casase.