El Decamerón
El Decamerón TODOS los de la honrada reunión elogiaron como bella la narración por la reina contada, y en particular la encomió Dioneo, único a quien por el dÃa le faltaba relatar algo; y él, tras muchas alabanzas del otro cuento, dijo:
—Bellas mujeres, una parte de la novela de la reina me ha hecho mudar el ánimo de contar otra que me proponÃa, y será distinta la que cuente, para mostrar cuánta fue la bestialidad de Bernabé y de todos los demás que se dan a creer lo que él creer mostraba: esto es, que andando ellos por el mundo y solazándose con una mujer y otra, sus mujeres, al quedar en casa, están con las manos en la cintura, como si no conociésemos, a pesar de nacer y vivir entre ellas, cuáles son sus inclinaciones. Os mostraré asà cuan necios son los que, estimando la naturaleza en más de lo que vale, creen, con demostraciones fabulosas, poder conseguir lo que no pueden, y se esfuerzan en convencer a otros de aquello de que ellos no están convencidos, ya que no lo permite la naturaleza de lo que tratan.