El Decamerón
El Decamerón NADA más le quedaba por decir a Elisa, y la reina, tras alabar la sagacidad del Adornado, mandó a Fiammetta que contase otra narración, y ella, después de sonreÃr graciosamente, repuso:
—Con gusto, señora.
Y comenzó:
—Conviene salir de vez en cuando de nuestra ciudad, aunque es copiosa en todo, sin olvidar los ejemplos, y, haciendo como Elisa, voy a narrar algunas de las cosas que en otras partes ocurren; pasando a Nápoles, diré cómo una de esas santurronas que tan reacias se muestran al amor, fue por el ingenio de un amante antes llevada a probar el amoroso fruto que a conocer sus flores. Y esto os prestará cautela en las cosas que puedan sobrevenir y os dará deleite oyendo las sobrevenidas.