El Decamerón
El Decamerón La condesa, con gran maravilla del conde y de todos los presentes, ordenadamente contó lo que había pasado y cómo. Por lo que el conde, comprendiendo que ella decía verdad, y admirando su perseverancia y buen juicio, satisfecho además de tener dos hijitos tan bellos, resolvió cumplir lo que prometió, tanto más cuanto que así complacía a todos sus vasallos, hombres y mujeres, que le rogaban que recibiese y honrara como legítima esposa a la que lo era. Depuso, pues, su obstinada tenacidad, e hizo levantar a la condesa y la besó y abrazó y reconocióla por su verdadera esposa y por suyos a sus hijos. Y la hizo vestir de ropas idóneas, con gran placer de cuantos allí estaban y de todos los demás vasallos que lo supieron; y no sólo aquel día, sino varios otros, hizo grandísima fiesta; y desde entonces en adelante, siempre le honró como a su esposa y mujer, y la amó y quiso mucho.