El Decamerón
El Decamerón DIONEO, que había escuchado solícitamente la narración de la reina, advirtiendo que ya había terminado y que sólo a él le faltaba hablar, comenzó, sonriendo, a decir:
—Quizá nunca, graciosas mujeres, hayáis oído decir cómo se mete el diablo en el infierno, y por eso, sin apartarme de los efectos a que todo este razonamiento ha tendido, os lo quiero decir. Quizás así podréis salvar el alma y también conocer que, aun cuando Amor habita mejor en alegres palacios y moliciosas[13] cámaras que en las cabañas de los pobres, no por eso deja de hacer sentir a veces su fuerza entre los espesos bosques, y los empinados montes, y las desnudas grutas, ya que, como se deja entender, todo a su poder está sujeto.