El Decamerón
El Decamerón Había en nuestra ciudad, según los ancianos cuentan, un mercader rico e importante llamado Leonardo Sighieri, a quien dio su mujer un hijo denominado Jerónimo, tras el nacimiento del cual abandonó Leonardo esta vida, no sin dejar sus asuntos en buen orden. Los tutores del muchacho, y su madre, velaron por sus cosas bien y lentamente. El mocito, al crecer en compañía de los hijos de los demás vecinos, trataba más que con ninguno con una muchacha de su edad, hija de un sastre. Y, creciendo en edad; convirtióse el trato en loco amor, al punto de que Jerónimo no se sentía satisfecho si no veía a la joven, que a su vez no le amaba menos. La madre del doncel, reparando en el amor de Jerónimo, muchas veces le censuró, y aun le castigó; pero, no pudiendo disuadirle de su amor, y contando con que, merced a sus riquezas, podría convertir el latón en oro, habló con los tutores del joven y les dijo:
—Nuestro muchacho, que apenas tiene catorce años, se ha enamorado de la hija de un sastre vecino, llamada Silvestra. Y si antes no lo remediamos, puede ser que cualquier día la tome por esposa, lo que no me contentará, o bien, si ella casa con otro, él se consumirá de tristeza. Por lo cual me parece conveniente que le enviéis a algún sitio lejano para que sirva en el negocio, con lo que, apartándose de la muchacha, se olvidará de ella y podremos darle por mujer una doncella bien nacida.