El Decamerón
El Decamerón Mientras estas palabras se cambiaban, soltó Catalina el ruiseñor y, cubriéndose, principió a llorar fuertemente y a pedir a su padre que perdonara a Ricardo, a la par que a Ricardo impetraba que hiciese lo que micer Licio querÃa, para que, seguros y por largo tiempo, pudieran hacer lo que habÃan hecho aquella noche. Pero no fueron menester para ello largas súplicas, porque por un lado la vergüenza de la falta cometida y el deseo de repararla, y por otro el temor de morir y el afán de salvarse, y al fin el ardiente amor y apetito de poseer el objeto amado, hicieron decir a Ricardo, espontáneamente y sin dilaciones, que estaba dispuesto a lo que micer Licio querÃa. Y micer Licio, pidiendo a Jacobina uno de sus anillos, hizo que allà mismo y en su presencia tomase Ricardo por esposa a Catalina. Luego de esto salieron micer Licio y su mujer, diciendo:
—Reposad ahora, que más necesario os será eso que levantaros.