El Decamerón
El Decamerón TANTA risa tenían las mujeres escuchando la historia del ruiseñor, que, aunque ya Filóstrato había terminado de narrar, no habían terminado ellas de reír. Y después de las risas, dijo la reina:
—Verdad fue que ayer nos afligiste, pero tanto hoy nos has deleitado, que ninguna debemos guardarte rencor.
Y, dirigiendo la palabra a Neifile, le ordenó que hablara. Y ella alegremente comenzó a decir:
—Ya que Filóstrato, con su cuento, ha ido a la Romana, por la misma voy a complacerme en andar con lo que os cuente.