El Decamerón
El Decamerón Digo, pues, que en la ciudad de Fano habitaban dos lombardinos, llamados Guidotto de Cremona y Jacobino de Pavía. Hombres ya de edad, en su mocedad habían sido soldados y andado casi siempre en hechos de armas. Por lo que, al morir Guidotto, no teniendo hijos varones, ni amigo o pariente en que fiase tanto como en Jacobino, le dejó una hija suya de diez años, con cuanto poseía en el mundo. Sucedió que la ciudad de Faenza, que largamente había estado en guerra y en malas circunstancias, repúsose un tanto, y a todo el que tornar allí quisiese se le autorizó a que lo hiciera. Por lo que Jacobino, que otras veces había morado en Faenza y le placía, fuese allá con todas sus cosas, llevándose a la mocita de Guidotto, a la que trataba y amaba como a una hija. Y, creciendo ella, trocóse en bellísima joven, y tanto como ninguna otra de la ciudad; y era además tan cortés y honesta como bella. Por lo cual varios comenzaron a galantearla, y en particular dos mancebos apuestos y de bien pusieron en ella grandísimo amor y por celos principiaron a odiarse desmedidamente. Llamábase el uno Giannole de Severino, y el otro Minghino de Mingole. Ninguno de los dos hubiera dejado de tomar a la joven, que ya quince años contaba, por mujer, si sus parientes lo hubiesen consentido, pero viendo que por sensatas razones se la negaban, cada uno a su modo aplicóse a conseguirla.